
Existe alguna tendencia -simplista y populachera- a identificar droga con delito.
"Seguro que estaban drogados", dice la opinión popular. "De la única forma que lo pudieron hacer era si estaban drogados", asegura doña Rosa. "Se drogan y salen a robar", afirma el vecino de acá a la vuelta, y así sucesivamente.
Desconozco estadísticas serias a este respecto (qué porcentajes de delitos se cometen bajo los efectos de sustancias estupefacientes), pero sí me animaría a hacer una inferencia: no todas las personas que se drogan cometen delitos bajo los efectos de las sustancias consumidas, ni aquellos que cometen delitos se encuentran necesariamente bajo los efectos de sustancias estupefacientes.
Considero que si todos aquellos individuos que consumen sustancias estupefacientes de cualquier tipo se lanzasen necesariamente a delinquir, la vida en sociedad se volvería completamente insoportable, y nuestras ciudades se asemejarían a las calles de Bagdad o Kabul.
Del mismo modo, una simple observación indica que no es verdad que un importante porcentaje de delitos se cometan bajo los efectos de sustancias estupefacientes. En efecto, no me consta que en estafas y defraudaciones, falsos testimonios, cohechos, prevaricatos, enriquecimientos ilícitos, usurpaciones, quiebras fraudulentas, etc, juegue algún papel relevante el uso de sustancias estupefacientes por parte de sus sujetos activos, lo cual demuestra que para la corriente simplista y populachera, lo único que se le aparece en su representación simbólica son los delitos contra la propiedad, como si el resto de los delitos no interesara o tuviesen menor importancia y trascendencia.
Pero lo que sí me consta es que desde determinados sectores interesados de la sociedad (principalmente aquellos que medran con el miedo y la ignorancia y los propaladores de noticias variados) existe un deliberado intento (muchas veces consumado) de demonizar a los consumidores de sustancias estupefacientes y a las sustancias mismas, como si estas últimas se tratase en entes diabólicos, que por la sola circunstancia de acercarse a una buena casa de familia la convierten en un pandemonium que necesita ser exorcizado.
La tendencia a la demonización de consumidores de sustancias estupefacientes coincide con consumidores pobres, jóvenes y que responden a un estereotipo determinado (morochos, que emplean un lenguaje suburbano, tatuados, preferentemente tez oscura, etc)
En consecuencia, podría concluirse que la verdadera intención (deliberada o inconsciente) de aquellos que promueven la demonización del consumo de sustancias estupefacientes, en realidad consiste en demonizar a sus consumidores en la medida que los mismos respondan al estereotipo indicado, consistente en definitiva en un simple acto de discriminación hacia los sectores más desprotegidos de la sociedad.
No existe estudio serio alguno que afirme que las drogas (cualesquiera que ellas sean) determinen al individuo que las consume a delinquir. Tal afirmación es completamente falsa y carece de demostración empírica. Es más, no existen drogas intrínsecamente "buenas" o "malas". Todo depende del modo en que se las consuma, como sucede con cualquier sustancia alimenticia.